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Historia escolar e identidad académica

"Los padres deben estar atentos cuando un niño o niña presenta inmadurez en algún área, para compensar los déficits, pero, sobre todo, para buscar los islotes de competencia"... por Neva Milicic La historia escolar de un niño o niña estará marcada por diferentes eventos, vínculos con compañeros y profesores y experiencias de aprendizaje y de interacción. También de múltiples evaluaciones, algunas buenas, otras que señalan competencias insuficientes. Ellas tendrán un signo positivo si son placenteras, y negativo si son dolorosas. Pero todas van a marcar la percepción que se haga de sí mismo (a), de sus competencias para aprender y de su capacidad para ocupar un lugar significativo en la vida social escolar. El colegio podrá ser un espacio en el que se encuentre con sus competencias; donde aprenda a aceptar desafíos y a enfrentar las dificultades y la adversidad en forma resiliente. O bien, será un espacio en que se sienta incompetente. Los recuerdos que le queden a un niño o niña de su trayectoria escolar van a contribuir a su sensación de autoeficacia y serán un factor importante para su productividad actual y futura. Diversos estudios señalan que el primer año básico, como primera experiencia de ser evaluado por sus rendimientos, es un poderoso factor predictivo del rendimiento futuro. Los padres deben estar atentos cuando un niño o niña presenta inmadurez en algún área, para compensar los déficits y buscar islotes de competencia, que a través de un desempeño exitoso ayuden a construir una identidad positiva como estudiante. Cuando las experiencias escolares son ligadas con el maltrato, ejercido por un profesor o un adulto, dejará una marca en la identidad del niño y una aversión hacia la asignatura. Le pasó a una excelente alumna universitaria. Ella cuenta: "Yo era muy mala para las matemáticas. Cada vez que sonaba el timbre para entrar a ese ramo me ponía nerviosa. Todo mi cuerpo se ponía tiritón. El profesor me hacía pasar adelante para ridiculizarme. Llegaba a mi casa y tenía que mentir. ¡Cómo decirle a mi mamá que nuevamente tenía un 1! Prefería decirle que esa vez no me había tocado ir a la pizarra. Pero llegaba la libreta de notas y mi mamá se ponía histérica y me retaba". Este relato deja en evidencia la necesidad de favorecer experiencias de aprendizaje donde los alumnos se sientan exitosos, para construir una identidad académica positiva. Martes 17 de septiembre de 2013 (El Mercurio)
 

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